Barro tal vez…

Círculo tras círculo, Mitsima levantó los costados de la jarra; era estrecha en la parte inferior, se hinchaba hacia el centro y volvía a estrecharse en la parte del cuello. Mitsima modelaba, daba palmaditas, acariciaba y rascaba la arcilla; y al fin salió de sus manos el típico jarro de agua de Malpaís, si bien era de color blanco cremoso en lugar de negro, y blando todavía. La contrahecha imitación del jarro de Mitsima, obra de John, estaba a su lado. Mirando los dos jarros, John no pudo reprimir una carcajada. -Pero el próximo será mejor – dijo. Y empezó a humedecer otro terrón de arcilla. Modelar, dar forma, sentir como sus dedos adquirían habilidad y fuerza le proporcionaba un placer extraordinario. [John] …canturreaba mientras trabajaba… Y también Mitsima cantaba…

Un mundo feliz – Aldous Huxley

collage

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