Por qué La Caverna…

…por el recuerdo de un libro leído hace varios años (La Caverna, de José Saramago) que desde que comencé con la afarería volvía a mi memoria una y otra vez… hasta que decidí releerlo. Y era obvio. El nombre ya estaba ahí. Imposible elegir otro.

En ese libro, Saramago retoma el Mito de la Caverna de Platón, en el que unos hombres, prisioneros en una gruta y encadenados a sus asientos, ven reflejadas en la pared las sombras de lo que sucede a sus espaldas, y toman a estas sombras por la realidad.

La Caverna de Saramago da cuenta de que cada día, en la vorágine de la vida moderna, hay profesiones que se tornan inútiles y tradiciones que pierden sentido, frente a lo que nos impone el afuera, como ilusión engañosa.

Y ahí está El Centro  que es un edificio enorme, con vida propia y que rige gustos, vidas y destinos, sin responsables concretos, ni nombres ni apellidos. Un Centro que tiene todo aquello que proporcionaría una vida feliz…

En una aldea en las afueras, tiene su pequeña alfarería la familia Algor, quienes subsisten vendiéndole al Centro los objetos de barro que  fabrican. Hasta que el Centro decide que sus objetos ya no son requeridos por la gente y prescinde de sus servicios. Así es como de pronto Cipriano Algor comprende que el mundo ya no los necesita.

“Qué será de nosotros si el Centro deja de comprar, para quién fabricaremos lozas y barros si son los gustos del Centro los que determinan los gustos de la gente, se preguntaba Marta…”

“… lo que me han hecho, se han reído de mi trabajo y del trabajo de nuestra hija, dicen que las vajillas de barro han dejado de interesar, que ya nadie las quiere, por tanto también nosotros hemos dejado de ser necesarios, somos una fuente rajada con la que ya no vale la pena perder tiempo poniéndole leñas…”

Cipriano no alcanza a entender cómo la gente prefiere objetos fabricados en serie, rechazando los productos artesanales.

“Lo malo es que le volvió a la memoria el bruto revés comercial sufrido. La ominosa visión de las chimeneas vomitando chorros de humo le indujo a preguntarse en qué estúpida fábrica de esas se estarían produciendo las estúpidas mentiras de plástico, las alevosas imitaciones del barro, Es imposible, murmuró, ni en sonido ni en peso se pueden igualar, y además está la relación entre la vista y el tacto que leí no sé dónde, la vista que es capaz de ver por los dedos que están tocando el barro, los dedos que, sin tocar, consiguen sentir lo que los ojos están viendo…”

Saramago nos habla de un modo de vivir que cada vez va siendo menos el nuestro y más el que se nos impone desde afuera, y de la responsabilidad de pensar y de actuar, únicos medios con los cuales -como en la alegoría de Platón- podremos salir de la caverna.

Y en eso estoy…

La Caverna es este nuevo espacio virtual, y es mi taller en mi casa. Es un lugar que se irá poblando de a poco con mis objetos de barro, con palabras, música e imágenes.

Espero que me acompañen.

Mey Caballero

2 pensamientos en “Por qué La Caverna…

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